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La Belle Epoque (Parte I)jue 03 de agosto, 2006 - 21:21 Estado de ánimo: FelizSeguridad de esta entrada: PUBLICO Carolina Otero
La bailarina más famosa de los años veinte, el objeto de deseo de reyes y poderosos, la bella y seductora Carolina Otero nació en el pequeño municipio de Valga (Pontevedra), era hija de madre soltera y vivió una infancia de Dickens alimentada por un espíritu rebelde y descarado que no encajaba con el entorno en el que había nacido.
A los 14 años, A Cordeirana —el primer apodo que tuvo la Bella Otero, todavía en su pueblo natal— debuta como bailarina, aunque en un escenario muy poco glamuroso. Acompañada de Paco, un mozo de la zona, se planta en un local nocturno en donde da rienda al ritmo que llevaba dentro. Se cuenta que la Otero sedujo a todos sus involuntarios espectadores, hasta el punto que el dueño de la sala la recompensó con dos pesetas y le propuso un contrato. Pero a Carolina el mundo de Valga se le antojaba pequeño. Acompañada de Paco decide marcharse a Lisboa. En Portugal empieza a trabajar como bailarina profesional; fue solo la primera posta de un periplo vital que la acabaría llevando a Barcelona, Marsella y, finalmente, a París.
En la capital de Francia —capital del mundo entonces— la pontevedresa arrasa como un ciclón. Se convierte en la atracción del Folies Bergere, en donde se trasmuta en la típica andaluza, una simulación que la acompañaría hasta la muerte, a pesar de sus orígenes gallegos. La bella Otero se convierte en la reina de París. La prensa de la época compite por describir los modelos de la gallega; Toulouse Lautrec la inmortaliza en un pastel; José Martí le dedica versos y nobles y ricos se baten en duelo y se arruinan para conseguir los favores de Carolina. La fama de la pontevedresa corre por entonces paralela a su fortuna, calculada en aquel momento en 16 millones de dólares.
De las locuras que los hombres cometían para llamar su atención dio cuenta la propia Carolina en sus memorias. En el libro narra, por ejemplo, cómo el banquero Berguen le pagó 25.000 dólares por pasar media hora con ella en una habitación, aunque quizás la anécdota más representativa sea la protagonizada por el gran duque Nicolás. Coincidiendo con una gira de la Otero por Rusia, el hijo del zar organiza un encuentro con la bailarina y la somete a tal acoso que la mujer se ve obligada a saltar por una ventana del salón. Carolina cae sobre la nieve, a 20 grados bajo cero, y se refugia en el palacio del Príncipe Pedro, en donde invierte tres meses en recuperarse de una neumonía. A los 45 años, con una carrera todavía muy sólida, se retira a vivir a Niza. El 12 de abril de 1965 fallece a los 96 años de edad. Donó todos sus bienes a los pobres de Valga. Tan sólo le quedaban 609 francos. [ Enlace | 7 comentarios ] del.icio.us Estrella este post
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